Luis Majul es una especie de debilidad en lo personal. Me da la impresión de que conviven en él un tipo capaz de hacer unas entrevistas memorables, pero también el hombre que es capaz de cualquier cosa por el rating. Y este libro es exactamente hacer cualquier cosa por el rating.
Lo que con habilidad, no exenta de simpatía, Luis presenta como “riesgo” porque el libro que ha escrito es parte de esa personalidad de Luis, que juega con una supuesta toma de riesgo donde no hay el mínimo riesgo, como bien señaló Fontevecchia.
Lo del señor Santoro, objetivamente, era una investigación. Lo de Luis es una hábil, extraordinaria, marketinera forma de poner en contexto lo que prácticamente todos sabemos. Llamarle investigación al libro de Luis es una falta de respeto a la verdadera investigación periodística. Me marqué una parte en la que dice: “Fuentes muy confiables aseguran que al principio Cristina…”. “ Fuentes muy confiables”. Este es un estilo muy habitual del diario Clarín, por ejemplo. Ahora dicen: “habría versiones”, “allegados”, “gente que tiene acceso al poder ha dicho”. En otro lugar dice: “Ni siquiera el presidente lo sabía con certeza. Por eso, cuando todavía no había sido doblegada por la prepotencia de su marido, le habría pedido a Fernández...”
El libro tiene mucho condicional, y mucho trabajo de diputados que denuncian algo y aparecen en la primera plana de los diarios, y ni hablar en TN, y luego eso va a la Justicia. Y un fiscal lo desestima o dice que tiene razón, o sigue la investigación.
El libro pone énfasis en algo que todo sabemos. El poder es tradicionalmente corrupto. No hay ninguna novedad en el libro de Luis. Pone en contexto con habilidad y le agrega unos reportajes muy bien hechos tratando de confirmar lo que procura desde la primera página.
Es un trabajo que vale la pena como elemento de consulta, porque uno no tiene todos los diarios.
Dice Luis que hay juicios que se van a hacer en función de lo que él ha denunciado en este libro. Quiere decir que no estamos hablando de hechos confirmados. Por eso hay tanto “habría”, etcétera.
La necesidad del mercado ha llevado a que todos nosotros escribamos libros. Las editoriales han descubierto que los periodistas tienen la venta asegurada de diez mil ejemplares. Y ni hablar, en el caso del éxito que ha tenido Luis, de cientos de miles de ejemplares.
Añoro las editoriales de los tiempos en los cuales García Márquez tenía dificultades para publicar y era la Argentina la que lo descubría. Y no esta actitud de ir a buscarnos a cada uno de nosotros, que, a veces con la guardia baja, o por falta de personalidad, aceptamos.
Cada uno de nosotros tiene un espacio donde promocionar el libro, tiene personas que lo admiran, que lo siguen, que lo respetan, que lo consideran… ¡Zas! Se vendieron diez o quince mil libros coyunturales y absolutamente olvidables en la mayoría de los casos.
Nuestro ejercicio de la libertad de prensa hoy en día está mucho más condicionado por lo que dijo Nelson Castro. La mera pertenencia a un diario, a un grupo, parece limitarnos en nuestra credibilidad. Ernesto Tenembaum ha publicado ¿Qué les pasó?, y la pregunta es qué le pasó a él. Le pasó haber empezado a trabajar en el Grupo Clarín. Es probable que no solamente eso, sino que efectivamente se haya sentido disgustado con lo que los Kirchner fueron siempre. Desde el primer día les encantó el poder y tuvieron a sus amigos haciendo negocios con más rapidez.
Hace un mes y medio, la denuncia de OPI respecto a los secretarios de la Presidenta la tomamos nosotros en radio Continental antes que ningún otro medio. Nada me liga ni me hace estar particularmente cerca del Gobierno. Sucede que como periodistas, sobre todo cuando estamos un poco solos, vamos en un bote con dos orillas. En una está el Gobierno, pero ¿quién está en la otra? A veces está la oposición, pero, en general, lo que está es el verdadero elemento de poder que hay en el país. Este tipo de periodismo me duele y me aleja mucho para parecer que me acerca un poco más al Gobierno, con el que tengo las críticas que mantuve siempre, pero al que veo absolutamente impotente.
Tenía mucho miedo de venir porque no sé caminar por otro camino que no sea el de la franqueza conmigo mismo y con las circunstancias. Esto es lo que pienso del libro.
Te felicito porque es una manera muy inteligente de conseguir el rating que para vos es verdaderamente importante.
Después de la Ley de Medios, el país es otro. La Ley de Medios ha determinado que día por día, minuto por minuto, página por página, título por título, los que queremos ser observadores neutrales nos encontremos con un periodismo absolutamente desquiciado y desquiciante que miente, tergiversa, exagera, y promueve un tipo de información que si yo estuviese realmente del lado del Gobierno, viviría con un permanente ataque de caspa.
Yo creo que lo que está enfermo no es el poder. El poder es naturalmente enfermo. Nada tenemos que descubrir de los Kirchner que no encontrásemos en la Alianza, ni hablar en Menem. Pero del poder no tengo absolutamente nada para descubrir. Del periodismo he descubierto que para recuperar la credibilidad, lo que tiene que ser como elemento de control de la ética y de la cultura y del mejoramiento del país estamos en la peor etapa de la que yo haya sido testigo toda mi vida.
Víctor Hugo Morales,
sobre el periodismo de investigación y
"El Dueño", de Luis Majul.
Mi opinión sobre ese libro está
acá.