Desde ya,
Olé no podía evitarlo.

Y
La Nación entendió que no había nada mejor, incluso para sus lectores.
El Día de La Plata no dudó y puso una imagen impactante que se llevó más de la mitad de su portada.
El Popu, obviamente, lo publicó con bronca.
Y Crónica, fiel a su estilo, se alarmó.

El
Diario de Cuyo advirtió que el equipo está en la cornisa.

Pero
Clarín, en su obsesión, encerrado en las cuatro paredes de su locura, se la jugó por otra denuncia, perdiendo de vista la agenda y cayendo en el lugar común que lo domina desde hace varias semanas, cuyo costo pagará en cantidad de lectores que, sin dudas, se irán independientemente de la suerte del proyecto de Comunicación Audiovisual impulsado por el Gobierno.