miércoles 25 de noviembre de 2009

Pagame


La discusión alrededor del planeta sobre el acceso gratuito a los contenidos de sitios periodísticos atraviesa su mejor momento. Al respecto, hay unanimidad entre los editores respecto a que los usuarios van a tener que empezar a pagar el derecho a la información online.

O sea, razonan los tipos que saben, si los diarios cobran y los canales de noticias reciben billetes por abonos, ¿por qué nosotros no?

Sucede que lo que está en discusión, en realidad, no es pagar por enterarse del último romance de Ricardo Fort, sino un modelo de negocios equivocado, fofo y en crisis como es, en general, el de los portales de noticias.

Los medios en Internet nacieron con la esperanza de cobrar suscripciones por sus artículos, luego liberaron sus ediciones para vivir de sus anunciantes, y finalmente, ahora, reclaman volver a cargarles con el peso a los usuarios.

Muy bien, salvo porque yo no estoy dispuesto a pagar por lo que en los últimos años navegué gratuitamente. Y mi mamá tampoco. Y mis amigos, menos. Y la mayoría de periodistas que conozco ni siquiera consideraría esa opción.

¿Entonces?

El modelo no puede depender exclusivamente de la pauta publicitaria, porque en efecto, por más crecimientos de inversiones que promocionen, la torta en la Argentina y en el resto del mundo es demasiado pequeña.

Tampoco se puede delirar la idea de vivir del pago de los usuarios, porque las ecuaciones de tráfico y cobro serían lo suficientemente complejas como para hacer inviable cualquier proyecto.

La solución pasa entonces, y como siempre, por el contenido. Y en todo caso, por la posibilidad de armar otro proyecto y generar más espacios y formas para comercializar alrededor de los contenidos.

Secciones exclusivas, informes especiales y multimedia, nuevos horizontes en telefonía celular y otros dispositivos, y un sinfín de apéndices por explorar pueden ser parte de un nuevo modelo, que necesariamente debe incluir una reforma en la lógica empresaria.

Hay que repensar las redacciones y dejar de plantearlas como si fueran a hacer un diario de papel.

Hay que revisar las áreas comerciales y dejar de prepararlas sólo para que salgan a vender avisos.

Hay que cambiar, en definitiva, todo el modelo, y no únicamente la billetera del usuario.
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