Gerardo Werthein acaba de sufrir el primer revés de su carrera política. Su empleado Rodolfo D´Onofrio perdió las elecciones presidenciales de River.
No alcanzaron la decenas de millones invertidas en publicidad, ni la contratación de expertos del peronismo justicialista, ni las violentas operaciones de prensa contra sus rivales. Tampoco la compra de voluntades populares, como la de Enzo Francescoli.
Es más: muy probablemente, los infames ataques contra Daniel Passarella, orquestados en medios propios o amigos, hayan contribuido decisivamente a la derrota de D´Onofrio, ante el pánico que pudo haber generado en los socios el desembarco de una mafia política y mediática que intentara destruir a sus enemigos con métodos que no se permitiría el más oscuro de los barrabravas.
Werthein, que pretende convertirse en el dueño del deporte argentino para articular desde allí una carrera en la política partidaria, pagó muy cara la suciedad que le imprimió a la campaña, de la que el hincha de River seguramente jamás se vaya a olvidar.
Y en su obscenidad arrastró a un ídolo como Francescoli, que bajo la promesa de grandes negocios para su socio "Paco" Casal, asumió el riesgo de rifar su prestigio a manos de un tren fantasma cuyo único argumento era el ejercicio de presión mediática.
Perdieron también, o especialmente, C5N, América, Radio 10, Infobae y Rolando Graña, los responsables de producir y difundir sin complejos la mugre ordenada desde el escritorio de Werthein. Se creyeron impunes e hicieron un papelón con sus lectores, oyentes y televidentes.
Un párrafo a parte se merece la consultora Poliarquía, que por un tiempo dejó de lado sus encuestas para posicionar a Francisco De Narváez y se dedicó a pedir micrófonos para mostrar números favorables a D´Onofrio, un personaje tan falto de carisma como de proyectos. ¿Y ahora cuánto medirá la credibilidad?
La derrota de Werthein es un soplo de aire fresco para River y además evitó lo que hubiera sido un antecedente peligrosísimo para el club y para la sociedad en su conjunto: que un pool de medios impusiera por la fuerza y a los balazos a un candidato que nunca tuvo nada que ver con la historia que estaba en juego.




